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Pasajeros sufren las consecuencias de un transporte público deficiente.

En República Dominicana se han realizado varios intentos por organizar y eficientizar el transporte de pasajeros, pero aún hay unidades destartaladas y que ofrecen un servicio carente de confort y seguridad.

Aunque ya Santo Domingo cuenta con servicios de transporte como el utilizado en los países desarrollados, aún por sus calles circulan vehículos públicos que sobrepasan la capacidad de pasajeros indicada por el fabricante, pese a estar prohibido por ley, y que ponen en peligro la seguridad de los viajeros.

Los pasajeros deben tener más fuerza que los transportistas para exigir respeto, pero se dejan vencer porque no empujan en la misma dirección para defender sus derechos. En cambio, los transportistas están organizados en sindicatos y defienden con todas sus fuerzas sus posiciones. Dispersos y con ansias por llegar a sus destinos, los viajeros terminan aceptando las reglas que les impone el sector transporte.

Cuando el Gobierno decide aumentar los precios de los combustibles y los transportistas calculan que sus ganancias se ven afectadas, inmediatamente éstos se reúnen y suben el pasaje, aun sin competencia para hacerlo.

En tanto que los pasajeros tienen que aceptar los incrementos y como si fuera poco, también tienen que viajar bien apretados en un transporte público que, en muchos casos, va muy sobrecargado.

Cuando algunos pasajeros deciden castigar al proveedor con no utilizar sus servicios, otros sí los utilizan y se debilita la lucha del consumidor o usuario.

Pero estos inconvenientes ocurren, no por la falta de una legislación para el sector, sino porque la ley se incumple a la vista de las autoridades. La Ley 241, que regula el tránsito en el país, habla de capacidad de pasajeros que pueden transportar los vehículos que se desplazan en el territorio nacional. También la Ley 63-17 sobre Movilidad, Transporte Terrestre, Tránsito y Seguridad Vial trata el tema, pero no se cumple, en perjuicio de los viajeros.

Los pasajeros, la directora de ProConsumidor, el Instituto Nacional de Tránsito y Transporte Terrestre, así como los protagonistas del sector, argumentaron sobre las razones por las que no se está cumpliendo la ley. Los funcionarios, aunque reconocen el problema, que también afecta a los transportistas, porque sus unidades se destruyen más rápido por la sobrecarga, son optimistas respecto a la cercanía de la solución.

Mientras tanto, más de tres millones de pasajeros se movilizan en el Gran Santo Domingo en vehículos no aptos para transitar, pero a pesar de esa situación, los dueños de los automotores los sobrecargan y cobran igual que si fuera un carro confortable.

Ante el mal servicio, algunos pasajeros dijeron que preferirían pagar una tarifa un poquito más cara a cambio de viajar más cómodos. “Más pagaría yo, para ir más cómodo”, expresó Argenis, un pasajero de un carro público a punto de a arrancar desde el kilómetro 9 de la autopista Duarte, donde los clientes a gusto o no debían escuchar una bachata de Raulín Rodríguez.

Anina del Castillo

Directora de Proconsumidor

“En la medida que los consumidores vayamos haciendo nuestra parte y no montándonos en un llamado carro de concho que debería ser llamado chatarra andante, sencillamente es captarlo, señores hasta por un tema de seguridad”.

Antonio Marte

Presidente de Conatra

“Yo era de los que creían que en este momento no debía haber un carro público en la calle, yo era de los que creían que en este momento un chofer no montaba más de tres pasajeros en el asiento de atrás de un carro y uno alante”.

Fuente: Diario Libre

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