La selección nacional llegará al compromiso con una nómina de 13 atletas, una mezcla de experiencia y juventud que alimenta la ilusión de superar las 19 medallas conquistadas en la edición anterior. La meta ahora es alcanzar, al menos, 20 preseas, un objetivo ambicioso para una delegación reducida, pero diseñada bajo un criterio claro: calidad por encima de cantidad.
La responsabilidad recae sobre nombres ampliamente conocidos en el continente. En la rama femenina aparecen la veterana Crismery Santana, en más de 86 kilogramos; Dahiana Ortiz (48 kg), Aliacia Feliz (59), Natalia Novas (63), Fransheska Matías (69), Daiana Serrano (77) y Yudelina Mejía (86). En el equipo masculino sobresalen Luis García y Julio Cedeño, acompañados por Manuel Reyes, Francisco Tonton, Ray Reyes y Ezequiel Germán, quienes asumirán el reto de enfrentar a las principales potencias de la región.
Desde un extremo del gimnasio, mientras observa atentamente cada sesión de entrenamiento, el presidente de la Federación Dominicana de Levantamiento de Pesas, William Ozuna, resume el sentir de todo el equipo. «Ser sede no es solo un privilegio; es un compromiso con el país». Sus palabras reflejan la responsabilidad que implica competir frente al público dominicano y responder a las expectativas de una disciplina acostumbrada a producir medallas.
El optimismo dentro del equipo no nace del entusiasmo momentáneo. Es consecuencia de un proceso sostenido de trabajo, resultados internacionales y una preparación que ha contado con el respaldo del Ministerio de Deportes y del Programa CRESO. En la federación existe la convicción de que prácticamente todos los integrantes de la selección tienen posibilidades reales de subir al podio, una confianza respaldada por los resultados obtenidos durante los últimos ciclos competitivos.
Buena parte de las esperanzas descansan en el equipo femenino. Crismery Santana, Dahiana Ortiz y Yudelina Mejía aparecen como las principales cartas dominicanas para encabezar la cosecha de medallas. Las tres coinciden en una filosofía que define la esencia de este deporte: el verdadero rival no viste otro uniforme ni representa otra bandera; el verdadero desafío está sobre la plataforma, donde la barra determina quién está preparado para superarse a sí mismo.
Sin embargo, el camino hacia el éxito no será sencillo. Colombia continúa siendo la principal referencia regional en levantamiento de pesas, seguida por selecciones con gran tradición como Venezuela, México y Brasil. Aunque República Dominicana superó recientemente a los colombianos en el Campeonato Centroamericano y del Caribe celebrado en Santo Domingo, dentro del equipo nadie se permite excesos de confianza. Cada competencia representa una historia distinta.
La condición de anfitrión añade un ingrediente especial. Competir en casa significa contar con el respaldo de miles de aficionados, pero también convivir con una presión superior. Los atletas son conscientes de que cada intento será seguido de cerca por un país que espera celebrar nuevas gestas deportivas. Esa mezcla de responsabilidad e ilusión convierte cada jornada de entrenamiento en un ensayo para el gran escenario que se avecina.
Cuando finalmente se apaguen las luces de Santo Domingo 2026, las medallas serán el resultado visible de meses de sacrificio. Pero para la halterofilia dominicana el verdadero objetivo va más allá del podio. Se trata de consolidar un legado, demostrar el crecimiento alcanzado durante los últimos años y confirmar que el país puede competir de tú a tú con las grandes potencias de la región. Porque en ese gimnasio donde cada día resuena el hierro contra la plataforma no solo se levantan pesas; también se levantan las aspiraciones de todo un país.