Sicariato a la carta: el nuevo orden criminal en la sociedad dominicana

Dos tipificaciones jurídico-penales distintas van entrelazando un nudo gordiano difícil de desatar. Uno es delito, el otro es crimen y cuando se unen, no hay manera de definirlo de manera correcta, ni de desbaratar su articulación.
Se va convirtiendo en una especie de comején que socava la sociedad dominicana. Abuso de confianza –delito—y el sicariato –crimen–forman una amalgama que se está convirtiendo en epidemia social.
Ya no es el crimen organizado puro y simple, no, ahora se busca, se ofrece, se contrata, se paga y se mata. Cualquier desesperado por dinero acepta y lo peor, a veces por centavos. Y entre los posibles involucrados, un porcentaje de jóvenes sin rumbo ni definición de vida.
El inframundo criminal dominicano ha desbordado los límites y expectativas de la realidad, mientras se trata de ocultar esta realidad, que se presenta hasta en las redes sociales como algo natural.
El valor de la vida ha llegado a extremos mínimos inconcebibles. Cualquiera corta la vida de otro por unos chelitos. La degeneración moral, social y económica se apodera de la conciencia nacional. ¿Hacia dónde nos dirigimos?
Para entender un poco la situación actual, en la que la violencia ha sentado raíces y los asesinatos por paga crecen y se multiplican, poniendo en evidencia las fallas sociales, cuatro profesionales en distintas disciplinas, fueron consultados por Panorama, quienes, con sus distintas opiniones, confluyen en una sola realidad. ¡Nos hundimos!
Un tema complejo, recurrente, lleno de complicidades y nada nuevo
El aumento de la criminalidad en el país preocupa. Más en estos momentos en que uno de sus más execrables exponentes, el sicariato, se apodera de la sociedad y surgen nuevas modalidades del crimen, y más y más jóvenes se inscriben en la espiral dramática del asesinato por encargo, ¿a qué se debe?
“Si bien el aumento de la desigualdad social y la falta de oportunidades para la población joven del país y los grupos vulnerables favorecen la inserción en redes delictivas, esta se genera por la oferta de dinero fácil que funciona como anzuelo y estrategia de reclutamiento”. La opinión es de la doctora Tahira Vargas, antropóloga social, con un gran bagaje de investigaciones sobre el tema.
Afirma que esta situación provoca que las redes de crimen organizado, “puedan funcionar con mayor invisibilidad y confundir la naturaleza de estas estructuras delictivas y sus ámbitos de funcionamiento que trascienden los sectores vulnerables”.
En tanto, el reconocido psiquiatra José Miguel Gómez, contextualiza la problemática a nivel mental y de comportamiento. Considera que, los indicadores psicosociales reflejan un aumento sostenido de homicidios, cuyas causas reales son multifactoriales.“Estamos hablando de las causales que llevan a esta problemática social. Que son los factores económicos, demográficos, migración interna, ruptura y disfuncionalidad familiar, abandono temprano de la escuela en una población que está aumentado y la presión social de querer alcanzar estándares sociales para alcanzar niveles de validación social”.
Esos niveles de validación están conformados actualmente por parámetros antisociales que inciden en el auge de la criminalidad y, por consiguiente, de la nueva modalidad criminal de sicariato por diversos factores. Ya no es el ajuste de cuentas del narcotráfico. Va mucho más lejos.
Para el sociólogo y profesor universitario Cándido Mercedes, la situación tiene mucho que ver con el crecimiento económico de los últimos 30 años, surgimiento de economías subterráneas emergentes y una mutación en el accionar criminal de República Dominicana.
Todo esto, sumado a un proceso de degeneración social, entre cuyos múltiples factores se encuentran el “hacinamiento territorial, falta de políticas eficaces para enfrentar la situación y la desigualdad de oportunidades para crecer y superarse, amplían una ruptura social insostenible”.
El aspecto jurídico legal y la persecución del crimen y delito de manera real y confiable, es otro factor que va de la mano en el proceso de degeneración social y auge de la criminalidad y las nuevas vertientes de sicariato que aparecen en el país.
Al respecto, el conocido abogado criminalista Marino Elseviff Pineda, ofrece sus consideraciones cuando manifiesta, que, “la criminalidad organizada ha tenido una variante peligrosa y actual. Se trata del crimen por encargo o sicariato, cuyo móvil es asesinar para robar” a personas cercanas al contratante o autor intelectual, es decir sicariato utilizando la confianza de la víctima para perpetrar el crimen.

Falta de estadísticas confiables y de políticas reales para enfrentar criminalidad ponen en riesgo equilibrio social
Varios factores confluyen en la situación actual imperante, “y el más importante es la falta de estadísticas institucionales y la ausencia absoluta de control de la seguridad ciudadana por parte de la Procuraduría General de la República y el Poder Judicial como órgano independiente y garante del Estado de derecho democrático, en cumplimiento del debido proceso y la tutela Judicial efectiva”, opina el abogado Marino Elseviff Pineda-. Para preocuparse y mucho.
La falta de datos estadísticos confiables, tanto de las autoridades policiales, judiciales y de la Oficina Nacional de Estadísticas, no dejan conocer la cantidad de muertes en las que el sicariato ha estado unido a factores de abuso de confianza, litis familiares y problemas y conflictos personales, ya que, los une a homicidios y crimen organizado, lo que impide determinar de manera real, la situación actual, aunque hay casos que, por su notoriedad, han trascendido.
Y en este aspecto están de acuerdo los cuatro entrevistados, cuando exponen como un factor exponencial importante esta falta de datos confiables y precisos sobre este tema tan delicado que afecta a la sociedad dominicana.
Violencia intrafamiliar, desestructuración familiar y feminicidios fomentan el sicariato en jóvenes desorientados
Pero también, hay otras causas muy ligadas al desequilibrio social que vivimos hoy día como la desestructuración y desvinculación familiar. A este respecto, el doctor Gómez expresa que “de cada 100 hogares dominicanos, 43 son encabezados y dirigidos por madres solteras”, que deben trabajar para la manutención familiar.
Muchas de estas familias son desestructuradas, reconstruidas o rotas, “además de que la marginalidad social de la pobreza ha aumentado mucho y fomenta la disfuncionalidad social, por lo que muchos de estos muchachos, adultos tempranos, comienzan a delinquir”.
Ese joven, delincuente, antisocial, no nació antisocial, “lo creó la sociedad, la familia, la escuela, la falta de oportunidades y las mismas circunstancias sociales”, afirma y agrega que los indicadores psicológicos de estos jóvenes presentan patrones comunes: “muy baja autoestima, no tienen propósitos ni proyectos de vida, son altamente influenciables, hacen grupos de pares de alto riesgo, eligen y asumen conductas de alto riesgo”.
¡Alerta roja! ¡Peligro inminente! ¡SOS, SOS!
Un entorno social sin controles, alto nivel de deserción escolar, e inexistencia de motivaciones de todo tipo, van transformando el nivel de la corteza prefrontal de miles de adolescentes, por lo que su realidad se ha distorsionado y disminuido notablemente, lo que significa que ese muchacho, joven, adolescente, “tiene menos capacidad para resolver problemas, para medir consecuencias y resultados de vida y de ahí es que, lamentablemente, es una gran población que se va deteriorando, indica el psiquiatra.
A partir de esta realidad, se va creando un perfil sociopático y también la mayoría presenta trastorno antisocial de la personalidad. Para poner los pelos de punta, una sociedad de jóvenes sociópatas con rasgos psicopáticos en ciernes. Y ¿qué se hace para revertir este gran problema? No sabemos.

Pobreza, exclusión, vulnerabilidad, causales del nuevo modelo de sicariato
La delincuencia y criminalidad en el país tienen causas estructurales y sus vínculos con la vulnerabilidad y pobreza es instrumental. Así piensa la antropóloga social Tahira Vargas, y abunda en el hecho de que “la población joven y pobre que se utiliza para actividades delictivas son captados por redes criminales que funcionan en el ámbito nacional con toda libertad sosteniendo vínculos con estamentos de poder y favorecidas por la corrupción e impunidad”.
.Si bien el aumento de la desigualdad social y la falta de oportunidades para la población joven del país y los grupos vulnerables favorecen a la inserción en redes delictivas, “esta se genera por la oferta de dinero fácil que funciona como anzuelo y estrategia de reclutamiento”, agrega.
Realmente, el panorama luce desolador, y más cuando se presentan indicadores sociales muy bajos, por ejemplo, Mercedes dice que: “existen factores sociales que no vemos”, o no queremos ver. Los ajusticiamientos policiales de los últimos tiempos involucran a una población entre 23 y 24 años, “pero esos jóvenes son producto de esta sociedad, de una democracia defectuosa”.
Peor aún, “el 16.7% de los jóvenes entre los 15 y 24 años, es “ni – ni”, ni estudia, ni trabaja. Cuando aumenta el rango de edad de 24 a 35, sube a 19%, es decir que, actualmente tenemos la tasa de deserción escolar más alta de América Latina en adolescentes y jóvenes. Alrededor del 50 por ciento de los jóvenes que deberían estar en el bachillerato no asisten a clases están fuera de las aulas” afirma el sociólogo.Agrega que si a esta situación de crisis educacional, “le sumamos la super densidad poblacional en los barrios periféricos, la falta de incentivos de todo tipo y la falta de espacios de esparcimiento.
Es decir que, la criminalidad y el sicariato no son fenómenos aislados ni inevitables. Son el resultado de una sociedad con un poder patriarcal que permite y promueve la violencia y la impunidad; es un fenómeno estructural en el que se presentan silencios prolongados y complicidades históricas. Enfrentarlos requiere una sociedad que no solo observe, sino que actúe; que no solo denuncie, sino que transforme. La seguridad es un derecho, pero también una responsabilidad compartida, manifiesta la doctora Vargas.
Un fenómeno que crece, sienta raíces y se expande
Cuando la violencia se apodera de una sociedad, las consecuencias no llegan a los verdaderos autores, hoy el nuevo Código Penal establece penas severas tanto al autor material como intelectual, del crimen por encargo. Y para tener una muestra de la situación actual, presentamos los casos más recientes en los que se ha hecho uso de la confianza para perpetrar un asesinato. El sicariato, uno de los más execrables crímenes de la humanidad.
El Ministerio Público de la provincia La Altagracia logró una condena de 30 años de prisión contra Alexander Custodia Manzueta por el asesinato premeditado de Charleny Díaz Martínez.
El abuso de confianza: El crimen fue ejecutado mediante la modalidad de sicariato por encargo. El autor intelectual del hecho fue la expareja de la víctima, Rubén Jiménez de la Rosa (quien huyó tras el suceso), rompiendo la confianza familiar y el entorno íntimo de la mujer. El sicario cobró apenas RD$15,000 por consumar el asesinato dentro de un hotel.
Fausto Reyes, La Vega. Recientemente, un tribunal de La Vega condenó a la pena máxima de 30 años de prisión a Edwin Alberto Holguín Robles (alias “Piquete”) por el asesinato de Fausto Reyes Tejada, pagando a un tercero para ejecutar el crimen.
El abuso de confianza: El victimario era un amigo cercano y empleado de total confianza de la víctima. Aprovechando este estrecho vínculo y el acceso al entorno de Reyes, el agresor lo golpeó hasta quitarle la vida con el objetivo de robarle RD$250,000 en efectivo y su camioneta.
Antonio Jiménez López, empresario español de 59 años que operaba un vivero en Sevilla y visitaba frecuentemente la República Dominicana.
El cuerpo fue hallado el 20 de septiembre de 2025 en el asiento del conductor de su vehículo, en la localidad de Damajagua, sector El Maizal (carretera La Trujillista) en la provincia Valverde. Presentaba un disparo en la cabeza (región temporal izquierda) que le causó una hemorragia interna.
Las investigaciones de la Policía Nacional y el Ministerio Público determinaron que el crimen fue una muerte por encargo coordinada por su esposa junto a un compadre y otros involucrados. Seis personas resultaron apresadas por el caso, incluyendo a la esposa. Según las autoridades, la autora intelectual habría pagado 200 mil de 400 mil pesos por la muerte de su compañero.
Octavio Agustín Gómez Oviedo, de 34 años, ocurrida la noche del domingo 4 de octubre de 2026 durante un conflicto social registrado en el sector Palmarito, Barahona, el caso se investiga, igual que el de la esposa del artista Julián Oro Duro, por lo que no se puede establecer la tipificación porque entorpecería el proceso de investigación judicial y se influiría en la percepción ciudadana.
¿Soluciones? Las hay, pero falta voluntad para llevarlas a cabo
Los entrevistados coinciden en afirmar que es necesario establecer políticas dirigenciales efectivas, que los ministerios funciones de manera integrada, las normas están ahí, los programas están ahí, solo falta el esfuerzo mancomunado para llevarlos a la práctica de manera efectiva, dice el doctor Gómez.
En tanto, Vargas cree que lo primero es “recuperar la confianza en las instituciones. La sociedad dominicana necesita exigir y acompañar procesos de reforma institucional. La confianza no se recupera con discursos, sino con vigilancia social activa.
Proteger a la juventud de las redes criminales. El país debe asumir que la población joven es vulnerable ante los procesos de captación y reclutamiento por lo que se necesita: “impulsar programas comunitarios de empleo y formación técnica que compitan con la oferta del “dinero fácil”.
Fortalecer espacios deportivos, artísticos y tecnológicos que mantengan a los jóvenes vinculados a proyectos de vida. Creación de redes de apoyo para familias en riesgo, especialmente en barrios donde operan bandas.
Combatir la desinformación y el sensacionalismo. La criminalidad se expande cuando la población solo recibe titulares alarmistas.
Promover un periodismo responsable, que contextualice y explique, no solo dramatice. Fomentar el consumo crítico de noticias y la verificación de fuentes. Evitar la difusión de contenido violento en redes que glorifica el crimen o deshumaniza a las víctimas.
A la luz del nuevo Código Penal, ¿se juzgarán juntos el crimen del sicariato y el delito de abuso de confianza? ¿Se procederá a la instauración del cúmulo de penas o todo seguirá como antes y la impunidad cerrará filas con la criminalidad? Habrá que esperar.
Fuente: Panorama



